Formas de disminuir su huella de carbono mientras viaja

Destacamos cuatro formas para ser un viajero más responsable

Desde elegir comida orgánica de producción local para alimentar a su familia (y a los asistentes a sus eventos) hasta compartir el auto para ir a trabajar o utilizar el transporte público siempre que sea posible, mantener pautas de sostenibilidad en nuestro día a día puede ser todo un reto. Si le añadimos el estrés adicional de viajar a una reunión en otro estado o país, centrarse en ser respetuosos con el medioambiente se vuelve incluso más complicado. Sin embargo, Naciones Unidas insisten en que realizar viajes sostenibles es ahora más importante que nunca: esta organización ha proclamado el 2017 como el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo.

Como se afirma en la iniciativa de la ONU, los viajes sostenibles se apoyan sobre tres pilares: realizar prácticas que respeten el medioambiente, proteger el patrimonio cultural y proporcionar beneficios sociales y económicos a las comunidades locales. Aquí le mostramos cuatro formas de conseguirlo durante el viaje a su próximo evento o reunión del otro lado de la frontera. 

1. ¿Tomar un avión es su única opción? 

Según The Guardian, un vuelo de Londres a Nueva York supone, al menos, un cuarto de la media de las emisiones anuales por persona, lo que hace que sea el componente más grande de cualquier huella de carbono. Por supuesto, para trayectos largos, el cielo es nuestra mejor apuesta, pero si su destino tiene buen acceso en automóvil o en tren, cualquiera de estas opciones reducirán significativamente sus emisiones de carbono.

Si tiene la posibilidad de ir manejando, considere la opción de compartir el vehículo con otros compañeros; esto disminuirá su impacto medioambiental. Y, si viaja en uno de los vehículos más ecológicos, todavía mejor: Forbes destaca el Hyundai Ioniq Electric y el Mitsubishi Mirage (que solo utiliza gasolina pero es altamente eficiente) como dos de sus favoritos. Una vez llegue, puede ir en bicicleta, caminar y utilizar el transporte público para moverse por la ciudad y, de esta forma, conseguir un bajo consumo energético. Además del obvio impacto medioambiental, podrá disfrutar de la ciudad y la cultura local de una forma más personal. 

2. Olvídese del plástico

Cuando va a toda prisa por el aeropuerto para tomar su vuelo, agarrar la primera botella de agua que vea es muy tentador. Pero, como destaca National Geographic, esa forma cómoda de saciar su sed podría afectar la vida marina de la zona y contribuir a que la isla de basura del Pacífico siga aumentando, que es básicamente un repugnante montón de basura giratorio plagado de plásticos. 

Deshágase de las botellas de plástico desechables en el avión y opte por una botella de vidrio o de acero. La mayoría de los aeropuertos modernos disponen de “estaciones de hidratación” diseñadas para rellenar las botellas de agua. ¿No se atreve a tomar el agua local? Las pastillas de purificación del agua son una solución económica y portátil que debería resolver el problema. 

3. Lleve cargadores portátiles 

En vez de arreglárselas con adaptadores o ponerse nervioso porque no sabe cuándo y dónde encontrará un enchufe en un lugar nuevo, no olvide llevar en su maleta un cargador portátil que funcione con energía solar. Fast Company destacó recientemente el Solar Paper, una pequeña placa solar superligera (pesa menos que un iPhone 6) que se puede llevar en medio de un libro o engancharse en una bolsa o mochila. El Solar Paper no tiene que restablecerse si llega un día nublado, como ocurría con los antiguos modelos plagados de problemas. La única desventaja, obviamente, es que necesita la luz del sol para cargarse.

Para los momentos en los que no estará en contacto directo con el sol, opte por utilizar un cargador portátil de larga duración. Digital Trends destacó el Anker PowerCore II 20.000 (50 USD) y el BlitzWolf Qualcomm Quick Charge 3,0 Power Bank (20 USD) como dos de los favoritos.

4. Apueste por los productos locales

Como se señaló en un artículo de The Guardian, dejar de comer carne o productos cárnicos puede reducir aproximadamente un 20 por ciento la media de las emisiones de carbono al planeta por persona. Dejar de consumir solamente carne de res (un rumiante que contribuye con grandes cantidades de gas metano), puede suponer un beneficio muy significativo. 

Además de los evidentes beneficios medioambientales, reducir el consumo de carne durante su viaje puede ayudarle a respetar las normas culturales, como la tradicional abstención de carne de res de los países de cultura hindú, o de carne de cerdo y mariscos en las comunidades que practican el judaísmo. Además, si consume productos locales frescos, estará contribuyendo con las granjas de la zona y mejorando también su salud.

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